Barry Bonds, Sammy Sosa y Mark McGwire

Los votantes para el Salón de la Fama de Grandes Ligas una vez más dijeron no al uso de sustancias prohibidas.

De hecho, el electorado envió un mensaje aun más fuerte del que enviaron en las votaciones del año pasado.

Mientras que eligieron a tres candidatos dignos de Cooperstoiwn -Greg Maddux, Tom Glavine y Frank Thomas- y dejaron a un cuarto, Craig Biggio, al borde de la exaltación con el 74.8% de los votos, los votantes rechazaron por un amplio margen a los peloteros asociados con el uso de sustancias prohibidas.

Existía una teoría en cuanto a que los dos mejores peloteros de su era, Roger Clemens y Barry Bonds, serían penalizados por un año por los votantes y después su porcentaje de votos se incrementaría gradualmente hasta el punto de ser elegidos. Pero resultó que, en la votación anunciada el miércoles, su condición como candidatos al Salón de la Fama fue en retroceso.

El año pasado, su primero en la papeleta, Clemens recibió el 37.6% de los votos. Este año, el ex lanzador recibió el 35.4%.

También el año pasado, Bonds, en su debut en la votación, recibió el 36.2% de los sufragios. Este año, el ex cañonero tuvo apenas 34.7%.

Con el 75% de los votos requeridos para la elección, es fácil ver lo lejos que Clemens y Bonds se encuentran de la inmortalidad. Sus números de por vida los convierten en dos de los mejores peloteros en la historia de este deporte, pero esas impresionantes estadísticas aparentemente están siendo ampliamente superadas por la creencia de los votantes de que Clemens y Bonds se vieron asistidos por factores ajenos a su considerable talento.

La idea de que los votantes se rehusarían a seleccionar a Bonds y Clemens por un año y luego cederían en sus candidaturas se derivó de un patrón que se venía dando en el Salón de la Fama. Muchos votantes quienes consideraban a un candidato como un eventual miembro del Salón, pero no como uno de primera categoría, no votarían por él en su primer año de elegibilidad, pero luego votarían por él de manera consistente en los años siguientes.

Siguiendo esta línea de razonamiento, Bonds y Clemens hubieran aumentado su total de votos en su segundo año en la papeleta. Pero claramente no lo hicieron. Las objeciones de los votantes hacia sus candidaturas ya no pueden ser vistas como un fenómeno de un año.

Otros candidatos ligados al uso de sustancias prohibidas también sufrieron una baja en su total de votos en 2014. Mark McGwire fue nombrado en apenas el 11.0% de las papeletas, su porcentaje más bajo en ocho años como candidato al Salón.

El dominicano Sammy Sosa cayó del 12.5% el año pasado al 7.2% en éste, su segundo año en la papeleta de votación.

Rafael Palmeiro, cuyos números de por vida lo hubiesen exaltado al Salón casi de manera automática, cayó del 8.8% el año pasado al 4.4% este año. Debido a que no recibió al menos el 5% de los votos, el cubano será removido de la papeleta.

La intensa competencia en la votación de este año podría racionalizar algunos de los totales de votos más bajos. Pero el nivel de competencia tampoco decaerá el próximo año, cuando otros tres candidatos legítimos al Salón -Randy Johnson, el dominicano Pedro Martínez y John Smoltz- sean agregados a la papeleta.

El tema de las sustancias prohibidas no se disipará en el futuro cercano, no mientras el Salón de la Fama ofrezca esta instrucción a los votantes:

"La votación sobre un pelotero deberá basarse en su récord, habilidad para jugar, integridad, deportivismo, carácter y contribuciones hacia el equipo(s) para el que jugó".

Si el Salón de la Fama deseara que los votantes se basaran sólo en las estadísticas de sus candidatos no incluiría los términos "integridad, deportivismo y carácter" en sus reglas para la elección al Salón.

Por consiguiente, los votantes elegibles de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA) quienes no apoyaron las candidaturas de peloteros ligados con el uso de sustancias prohibidas básicamente siguieron las reglas. Esencialmente éstas son buenas noticas para los estándares del Salón de la Fama de Grandes Ligas.

No importa cuántos años ha permanecido un jugador en la papeleta de votación. No debería ser posible cuadrar "integridad, deportivismo y carácter" con el uso de sustancias prohibidas.